El hip-hop y el fenómeno Rap, perdieron ayer a uno de sus personajes más importantes y precursores: Gil Scott-Heron, símbolo perdurable de la contracultura y autor de la célebre The revolution will not be televised falleció a los 62 años en Nueva York a causa de una enfermedad contraída en una reciente gira europea. Estaba enfermo de SIDA desde hacía algo más de dos décadas, empleó la mitad de su vida en pelear contra una adicción que dio con sus huesos en la cárcel para cumplir una pena de año y medio por posesión de drogas. Su reciente vuelta a la vida de la música grabada con un disco, I'm new here y una suerte de inane experimento de remezcla de ese material, que el joven músico Jamie XX tituló We're new here, devolvió la esperanza a los aficionados al sensacional corpus que grabó en los años 70 para sellos como Flying Dutchman, Strata-East o Arista con su nombre y con el del tándem irrepetible que formaba con el pianista Brian Jackson. Finalmente, todo quedó en un audaz espejismo que al menos supuso que un Scott-Heron realmente desmejorado actuase el año pasado en Madrid y Barcelona.
Nació en Chicago e irrumpió en la escena del jazz y la poesía de Nueva York para cambiar el curso de las cosas a finales de los 60. En álbum se recoge una temprana y desnuda versión de su éxito más célebre, que abriría un año después Pieces of a man, considerado como uno de los mejores álbumes de los años 70. The revolution will not be televised es un alegato contra la banalización del mundo, la superficialidad del consumo de masas, la sociedad del espectáculo y el estúpido glamour que todo lo invade. Llena de referencias culturales y políticas, la canción, a la que movimientos como el 15-M devuelven periódicamente todo su sentido, funciona una llamada a la acción directa, a dejar el sofá, no esperar a la reposición y participar en los cambios en directo. Descansa en paz Gil Scott-Heron.







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